La felicidad de viajar

Recuerdo aquellos días cuando estudiaba en el colegio, tal vez fue y será para siempre una de las mejores etapas de mi vida. Allí me formé como persona, como amigo y adquirí las capacidades básicas para ir a la universidad. Al pasar a bachillerato (secundaria), pensaba siempre cómo sería mi futuro, qué debería estudiar y dónde trabajar. He pecado por planear demasiado las cosas y si bien llevo años cambiando la ansiedad por conocer y controlar mi futuro, aún me doy cuenta que debo llevar las cosas más relajado. Un día en clase de matemáticas, me preguntó mi profesor que qué pensaba estudiar al graduarme. Yo no supe responder, pero me quedó la inquietud por dentro. Tuve rondando por mi cabeza esto por varios días hasta que me me convencí de querer estudiar Finanzas. Más que todo por trabajar en la bolsa que siempre me había parecido un juego divertido. Al final lo hice, también estudié Economía y estuve en algunos cursos de inversión en bolsa, mercado de divisas, bolsa de New York, etc. Se convirtió en un gran sueño y en un proyecto de vida, pero de un momento a otro, las cosas empezaron a cambiar.

Reflexionando sobre la vida

Reflexionando sobre la vida – Foto: Carla Llamas

La gran mayoría de mis amigos de la universidad trabajan en la bolsa o en la banca y los más cercanos que conozco son muy felices, no quiero decir lo contrario, pero yo personalmente me di cuenta que debía cambiar de rumbo y lo hice a tiempo. Simplemente no me sentía a gusto con ese futuro que había soñado de adolescente, lleno de estereotipos, de dinero y de la posibilidad de acceder a una sociedad que buscaba exprimirme como quisiera. Me di cuenta que lo que más disfrutaba eran los viajes y que me quería dedicar a esto. A partir de aquí y aprovechando los últimos semestres de mi carrera, sobre todo de economía, me dediqué a investigar los viajes y el turismo desde esta perspectiva. Sin darme cuenta, fue la decisión más importante que había hecho hasta entonces porque estaba definiendo mi futuro laboral. Lo único que hice fue dejar atrás un futuro que me hubiera envuelto en el dinero y una vida superficial (como yo me estaba imaginando y nuevamente digo que no veo que esto pase en todo el mundo), por una que me absorbía plenamente en un componente social y más espiritual, así no existiese dinero en abundancia. Y es en este mundo de los viajes donde he vivido momentos inolvidables, como los que quiero compartir a través de una reflexión que he hecho recientemente.

Cascada la Caprichosa en el Monasterio de Piedra

Cascada la Caprichosa en el Monasterio de Piedra

Como comenté en mi post anterior, me encontraba en el Monasterio de Piedra en Zaragoza compartiendo con amigos de la Asociación de Bloggers de Barcelona y aproveché las cualidades del lugar para reencontrarme conmigo mismo y con la naturaleza. Quise escuchar atento a las historias de mis compañeros viajeros, cada uno con experiencias diferentes pero con la misma filosofía de vida alrededor de los viajes y la gente que se encuentran el camino. Estuve oyendo conversaciones entre Juli y Edgardo de “Un Mundo de Experiencias” y de Vane y Diego acerca de su paso por el Sudeste Asiático. Contaban por ejemplo la vez que Edgardo y Juli, creo que en Thailandia, con sus conocimientos limitados para la creación de páginas web, ayudaron a un emprendedor local a crear su propia página y que luego, gracias a esta ayuda desinteresada, se volvieron prácticamente parte de su familia. Les daban comida, regalos, los invitaban a la casa y los trataban como una parte de ellos. Luego, los llevaron a conocer los mejores lugares del destino donde se encontraban. No estaban buscando esto pero se ahorraron dinero y vivieron la mejor aventura local. De esto se trata viajar. Cómo es de diferente un viaje de este tipo frente a otro de cinco días en crucero o en un resort cuando hay tantas alternativas para conocer culturas y acercarse a ellas, y de crear medios sociales de mutuo aprendizaje donde todos ganan. Decían Vane y Diego que “cuando a uno lo acogen en un país extraño, uno se siente protegido; las mejores experiencias las vivimos con la gente”.

Edgardo, Vane, Diego y Juli en plena conversación en el Monasterio de Piedra

Edgardo, Vane, Diego y Juli en plena conversación en el Monasterio de Piedra

Juli y Edgardo han tomado la decisión de dejar atrás trabajos con una carga de estrés que estaba acabando con ellos (llevan 11 años juntos) para dedicarse a viajar. Inicialmente recorrieron Asia y luego Europa, aprovechando cientos de oportunidades para reducir sus costos de viaje. Han llegado incluso a vender un espacio en su mochila para fotografías de personas de todas partes que quieran viajar con ellos. Son unos “cracks” del rebusque. Por su lado, Vane y Diego han decidido “conquistar” el Sudeste Asiático. Son unos “frikis (freaks)” de esta zona particular del mundo y están llenos de historias para contar. En el viaje estaba también Carla Llamas, quien una semana antes había terminado de dar la vuelta al mundo en 80 días con Trivago luego de ganar un concurso para contar sus historias en su blog. Carla viajó con su pareja y desde su llegada no ha parado de contarnos miles de historias llenas de humor y buena energía. Su viaje inició en Barcelona para luego viajar a Roma, Londres, Ciudad de Panamá, Las Vegas, Bangkok, Sri Lanka, Dubai, para terminar pasando por Grecia y Marruecos antes de volver a España.

Ana, Carla y Pepe en el recorrido del Monasterio de Piedra

Ana, Carla y Pepe en el recorrido del Monasterio de Piedra

Los viajes siempre están cargados de felicidad, tanto del que viaja, que lleva una expectativa y por lo general está cambiando su rutina por una actividad donde puede disfrutar de su tiempo libre pero también de las personas con quien se encuentran en el destino y que trabajan para que seamos felices o bien, se abren al intercambio de culturas y experiencias. Pepe Pont, amigo, gran viajero y un ejemplo de profesional y de ser humano, me contaba que recientemente viajó a Camerún, un país que tiene poca afluencia de turistas por sus limitaciones en infraestructura pero que es un paraíso para acercarse y aprender nuevas culturas, para compartir con gente noble y humilde. El mundo está lleno de gente buena y aún así, nos esforzamos por hacer de éste, un lugar imposible; guerras, daños al medio ambiente y todo tipo de atentados contra el planeta. Pero en un lugar como este se respira un aire diferente, lleno de paz entre sus gentes. Estos valores de sustentabilidad son precisamente los que quieren promover también en Viaje con Escalas, liderado por Arlene Orduña y Ana Varela, méxicana y venezolana respectivamente y quienes buscan contarnos miles de historias de viajes, manteniendo siempre el respeto por el ser humano, por la naturaleza y el valor por los derechos humanos en los viajes.

Amigos viajeros

Amigos viajeros – Foto: Un Mundo de Experiencias

Al reunirnos todos estos viajeros, con tantas experiencias a cuestas, nos encontramos con un grupo de seres humanos tolerantes, respetuosos y abiertos a todo tipo de diferencias y limitaciones culturales. Recuerdo un momento cuando quise conversar con monjes tibetanos sin saber una mínima palabra para poder comunicarme pero me di cuenta que ante la imposibilidad de comunicación, el tacto respetuoso y una sonrisa, valen más que mil conversaciones juntas. Yo percibo la energía de la gente (no me pregunten cómo) y por lo general sé cuando alguien es transparente o no. Al ser una persona reflexiva, los sentidos se me disparan y con una sola mirada de una persona, puedo percibir muchas cosas. Puedo decir tranquilamente que quien ha viajado, mira el mundo de una manera diferente y es más propenso a la vida feliz que otras personas que no lo han hecho. No quiero ser excluyente y decir que para ser feliz se necesita sí o sí viajar, pero sí es un elemento fundamental. De eso estoy plenamente convencido.

Otoño en el Monasterio de Piedra

Otoño en el Monasterio de Piedra

Es interesante cómo, en un solo viaje uno puede aprender tanto de otras personas y de uno mismo. Claramente estar en un lugar como el Monasterio de Piedra es para mí un privilegio, soy fan de las cascadas, de la naturaleza y un lugar lleno de agua y energía natural cayendo a través de cuerpos de agua que contagian mi cuerpo de vida, buena vibra, positivismo y paz interior, genera en mí un estado de reflexión aún mayor y de sensibilidad frente a la vida. Por tanto, surgen en mí este tipo de historias que lo único que buscan es motivar a mis amigos lectores a tomar decisiones frente a sus vidas para hacer lo que verdaderamente les hace más felices, sea lo que sea, asumiendo grandes costos que hay que saber medir. Un cambio siempre es positivo. Un giro hacia la vida de los viajes, sea por épocas, cada año, cada dos o en la medida de las posibilidades de cada quien, será un ingrediente fundamental. Los cambios no son fáciles nunca pero el que no se lanza, nunca llega. No hay mejor terapia para la vida que un buen viaje donde se comparta con otras personas que viven y piensan diferente. Un viaje, sin importar que sea incluso dentro del mismo país de residencia, permite ver la vida desde una perspectiva mejor. El viaje es sinónimo de felicidad y alegría, donde cada cual vive su propia experiencia.

Jorge Bonilla

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